Cayados,
Como sombras que se mueven sigilosas,
Los recuerdos de ti,
De otros tiempos me asaltan,
Y ante el reto absurdo de volvernos jóvenes otra vez,
De recuperarnos en el tiempo,
Pienso porqué te aprendí a querer,
Porqué un día mi vida se vio irremediablemente atada a ti.
Entonces comienzo a salir del letargo que los años se han encargado de ir acentuando en la memoria,
Y poco a poco recuerdo porqué me enamoré de ti.
Voy recordando, despacio, que primero fue tu sonrisa franca,
Esa sonrisa que invita a pensar que todo está en su lugar,
Y que lo más sensato es disfrutarla.
Entonces recuerdo tu calor, y como hacías de todos nuestros días juntos una promesa,
De cómo a tu lado aprendí a darle sentido a los sueños,
Y llego irremediablemente a tu mirada y esa fe en el futuro,
Llego a tu entrega clara, sin regateos,
A esa forma que tenías de simplemente abandonarte, de dejarte querer.
Y te recuerdo siempre a mi lado, compartiendo locuras y secretos,
Recuerdo tu mano en la mía cada vez que lo necesitaba,
Solo entonces me doy cuenta de las cosas que me hicieron quererte,
Solo entonces me doy cuenta que son las mismas que hoy me hacen pensarte, quererte.
Me doy cuenta que nada ha cambiado,
que sigues aquí, de la misma manera.
Pero siempre es bueno recordar por qué me enamoré de ti.





